miércoles, 21 de septiembre de 2016

Cuando Ana conoció a Poe

Digamos que te conocí en los parques,
en la realidad constante de mis fantasías
con tu mirada serena y silenciosa,
y tu nombre de infinita ternura escrito en papel
en el eco de nuestras conversaciones en una sola palabra.

Pero ahora que ya no estas, no tengo tiempo de ponerme triste;
aveces quiero ir a buscarte como tú eras, aunque ya no seas tú,
porque los monstruos casi hombres, arrastran mis pasos a la ciudad
donde no hay cielo ni horizonte donde descansar

y los ojos vacíos de mis recuerdos se van entre sueños y algo más.





Ilustraciones: Yayo Espinoza

domingo, 11 de septiembre de 2016

En las salas de lectura


La ingenuidad de la bestia, el respiro del animal,
al final del día los ecos de una canción llegan por la ventanas de la habitación
y la leyenda de un desconocido se abre entre las páginas de un libro marfil
el silencio canta su melódica ausencia y las manecillas del reloj
anuncian la visita de pensamientos líquidos e historias mágicas
demonios y duendes se dibujan entre páginas
con tres corazones que laten en sintonía
mientras se encienden las luces de la ciudad.
Yayo Espinoza

Inmaculada decepción


Fue cuando se quedó sola
cuando se le recompuso el sentido de la dignidad,
empezó a necesitar a estar en los sueños de alguien,
entre las estrofas de un poema o los versos olvidados de un viejo amor
en ese entonces tenía 30 años había ganado un sueño
en tierras extrañas en las paredes rosa de un burdel
todas las noches leía a Bolaño frente a las miradas inquietas
de extraños samaritanos venido de los desiertos del sur.

Yayo Espinoza