Digamos que te conocí en los parques,
en la realidad constante de mis fantasías
con tu mirada serena y silenciosa,
y tu nombre de infinita ternura escrito en papel
en el eco de nuestras conversaciones en una sola palabra.
Pero ahora que ya no estas, no tengo tiempo de ponerme triste;
aveces quiero ir a buscarte como tú eras, aunque ya no seas tú,
porque los monstruos casi hombres, arrastran mis pasos a la ciudad
donde no hay cielo ni horizonte donde descansar
y los ojos vacíos de mis recuerdos se van entre sueños y algo más.
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| Ilustraciones: Yayo Espinoza |





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